Plantas, luz y un poco de misterio: qué es el diseño biofílico

Planta en matera junto a una ventana con luz natural
Foto: Unsplash

Seguro te ha pasado: entras a un lugar y, sin saber muy bien por qué, te sientes tranquilo. Tal vez hay luz que entra de lado, una ventana que da a un árbol, un material que se ve natural. Otros espacios, en cambio, te cansan aunque estén impecables. El diseño biofílico intenta explicar esa diferencia y usarla a propósito.

De dónde viene la idea

La palabra «biofilia» la popularizó el biólogo Edward O. Wilson en un libro de 1984. Su tesis era que los seres humanos tenemos una tendencia innata a buscar conexión con otras formas de vida y con la naturaleza. Después, investigadores como Stephen Kellert llevaron esa idea a la arquitectura: si necesitamos esa conexión, los edificios donde pasamos casi todo el día deberían ofrecerla.

Los 14 patrones

En 2014, la consultora Terrapin Bright Green publicó un informe que se volvió referencia: 14 Patterns of Biophilic Design. Lo que me gusta de ese trabajo es que baja la idea a cosas concretas. Los agrupa en tres familias.

Naturaleza en el espacio: conexión visual con la naturaleza, sonidos y olores naturales, variaciones de temperatura y de aire, presencia de agua, luz cambiante y difusa, y conexión con los ciclos naturales, como ver pasar el día o las estaciones.

Analogías naturales: formas orgánicas, materiales naturales como madera o piedra, y patrones que combinan complejidad y orden, como los que vemos en una hoja o en un panal.

La naturaleza del espacio: aquí está lo más curioso. Habla de «perspectiva» (poder ver lejos), «refugio» (tener un rincón protegido), «misterio» (que el espacio invite a descubrir algo más allá) e incluso «riesgo», entendido como una emoción controlada, por ejemplo un balcón con vista abierta.

¿Sirve de verdad?

El mismo informe recoge estudios que asocian estas condiciones con menos estrés, mejor ánimo y más concentración. Uno de los datos que cita es que los sonidos de la naturaleza pueden acelerar la recuperación después de un momento de estrés hasta en un 37 % frente al ruido típico de una oficina. No hay que tomarlo como una fórmula mágica, pero la dirección de la evidencia es bastante consistente.

En vivienda urbana

En Bogotá no siempre se puede tener un jardín, y menos en un apartamento compacto. Pero sí se pueden hacer cosas: ventanas grandes bien orientadas, techos altos, terrazas comunes con vegetación de verdad, materiales cálidos, vistas que no se choquen de frente con el muro del vecino. Cuanto más pequeño es el espacio privado, más importan estos detalles.

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Fuentes