El arte en tono menor: lo que propone la Bienal de Venecia 2026

Personas observando una obra de arte en una exposición
Foto: Unsplash

Columna de opinión

Hay exposiciones que se recuerdan por sus obras y otras que se recuerdan por su historia. La Bienal de Arte de Venecia de 2026 va a quedar en la memoria por las dos cosas.

Su curadora, la camerunesa-suiza Koyo Kouoh, murió en mayo de 2025, un año antes de la inauguración. Pero ya había dejado definido el concepto, la selección de artistas y el equipo. Sus colaboradores terminaron el trabajo siguiendo su visión, y la muestra abrió el 9 de mayo de 2026 en los Giardini y el Arsenal, con 110 artistas, hasta el 22 de noviembre. Se llama In Minor Keys: en tonos menores.

La idea del tono menor

En música, las tonalidades menores se asocian a la melancolía. Pero Kouoh quería mostrar que también transmiten alegría, consuelo, esperanza y trascendencia. Su propuesta era un arte de registros sutiles, que pide escucha atenta y que se construye desde la convivencia y lo colectivo, no desde el gesto grandilocuente.

Buena parte de los artistas tienen historias migrantes o de diáspora, y alrededor de una cuarta parte trabaja desde África. Es una bienal que mira el mundo desde lugares que durante mucho tiempo estuvieron al margen de los grandes circuitos del arte.

Lo que esto tiene que ver con la calle

Me interesa esta bienal porque pone palabras a algo que he pensado muchas veces sobre el arte en el espacio público. Solemos asociar el arte urbano con lo espectacular: murales gigantes, colores saturados, imágenes que se ven desde lejos y que funcionan muy bien en redes sociales. Y eso tiene su lugar. A mí me gusta un buen mural de gran formato.

Pero hay otro tipo de arte urbano, en tono menor, que a veces es más poderoso. Un mural pequeño en un barrio que cuenta la historia de una señora que tuvo la primera tienda de la cuadra. Una intervención discreta en un muro que solo se entiende si uno se detiene. Un texto pintado a mano. Un jardín hecho por los vecinos. Obras que no buscan impresionar sino acompañar.

El vallado como obra en tono menor

Pienso mucho en esto cuando pienso en los vallados de obra intervenidos con arte. La tentación es hacer algo grande, llamativo, que todo el mundo fotografíe. Pero el vallado va a estar ahí durante meses, a veces años, y la gente del barrio lo va a ver todos los días camino al trabajo, al colegio, a la tienda. Tal vez lo que mejor funciona no es lo que más impacta el primer día, sino lo que sigue diciendo algo el día quinientos.

Un arte en tono menor en la obra puede ser un mural que invite a mirar con calma, que cuente algo del lugar, que se haga con artistas locales, que deje espacio para que los vecinos se reconozcan. No necesita ser enorme. Necesita ser pertinente.

Escuchar antes de pintar

Si tuviera que resumir lo que me deja In Minor Keys, diría que es una invitación a escuchar antes de hablar. En el arte, en la arquitectura y también en la construcción. Antes de intervenir un lugar, entender qué hay ahí, quién vive, qué historias guarda.

No es una idea nueva, pero es fácil olvidarla en medio de la prisa. Y me parece hermoso que la última gran obra de una curadora fallecida antes de tiempo sea, precisamente, un llamado a bajar la voz y prestar atención. En una época en la que todo compite por gritar más fuerte, el tono menor es casi un acto de resistencia.

Juan José Pujana Mena es empresario de proyectos de vivienda en Bogotá.

Fuentes