La inteligencia artificial ya diseña. La pregunta es quién responde

Edificio moderno con fachada de vidrio y paneles
Foto: Unsplash

Columna de opinión

Hace dos años, la inteligencia artificial en arquitectura era un tema de conferencias y titulares. Hoy es parte del trabajo diario. Según el informe de 2026 del Real Instituto de Arquitectos Británicos, el RIBA, el 74 % de las oficinas de arquitectura del Reino Unido ya usa herramientas de IA. En 2024 eran el 41 %. En los estudios grandes, de más de cincuenta personas, el uso llega al 90 %.

No tengo cifras equivalentes para Colombia, pero basta hablar con arquitectos jóvenes para saber que aquí la tendencia es parecida. Renders generados en minutos, textos de memorias descriptivas, revisión de normas, presupuestos preliminares. Cosas que antes tomaban días ahora toman horas.

Para qué se está usando

El informe del RIBA muestra algo interesante: la IA se usa sobre todo en las etapas tempranas y en las tareas más mecánicas. El 56 % la usa para visualizar ideas en la fase inicial de diseño, el 40 % para revisar cumplimiento de normas, el 32 % para gestión de la oficina y el 24 % para especificaciones técnicas. Y el 73 % dice que ha mejorado su productividad.

Pero hay un dato que me parece el más revelador de todo el informe: solo el 17 % de los arquitectos cree que sus diseños son mejores gracias a la IA. Es decir, la mayoría siente que trabaja más rápido, pero no necesariamente mejor.

Lo que me entusiasma

Desde el lado de quien construye vivienda, veo oportunidades muy concretas. Poder comparar rápidamente distintas alternativas de un proyecto, ver cómo cambia la luz en un apartamento según la orientación, estimar consumos de energía, detectar incompatibilidades entre planos de estructura, instalaciones y arquitectura antes de que lleguen a la obra, donde corregirlas cuesta diez veces más.

También veo una oportunidad en algo que nos cuesta mucho: explicarle a un comprador cómo va a ser su vivienda. Un buen render, un recorrido virtual, una simulación de cómo se verá el barrio con el edificio terminado ayudan a tomar mejores decisiones.

Y en obra, herramientas que analizan fotos del avance, que detectan riesgos de seguridad o que ayudan a planear la logística pueden hacer que construir sea más seguro y más eficiente.

Lo que me preocupa

Pero el mismo informe recoge preocupaciones que comparto. El 76 % de los arquitectos cree que la IA aumenta el riesgo de imitación, es decir, de diseños que copian sin crear. El 55 % teme que personas sin la formación adecuada terminen diseñando edificios. Y el 61 % cree que la IA hará más difícil que los arquitectos jóvenes aprendan, porque justamente las tareas rutinarias que la IA automatiza son las que antes servían para formarse.

Ese último punto me parece muy importante. En construcción, como en arquitectura, buena parte del criterio se aprende haciendo, equivocándose, revisando detalles una y otra vez. Si ese aprendizaje desaparece, ¿de dónde saldrán los profesionales con criterio dentro de veinte años?

Hay además un riesgo que el informe menciona y que en nuestro oficio es crítico: las alucinaciones. Una herramienta de IA puede dar una respuesta segura y equivocada sobre una norma, un cálculo o una especificación. En un texto de mercadeo eso es un error menor. En un diseño estructural o en una instalación de gas puede ser una tragedia.

La responsabilidad no se delega

Por eso la pregunta que me parece central no es qué puede hacer la IA, sino quién responde por lo que hace. Cuando un edificio se diseña, alguien firma los planos. Cuando se construye, alguien supervisa. Esa cadena de responsabilidad es la que protege a quien después va a vivir ahí.

Solo el 19 % de las oficinas del informe del RIBA tiene una política escrita sobre el uso de IA. Me atrevería a decir que en Colombia el porcentaje es menor. Creo que como sector deberíamos ponernos al día en eso: definir para qué se usa, cómo se verifica lo que produce y quién asume la responsabilidad final.

Una herramienta, no un criterio

No soy de los que creen que la IA va a reemplazar a los arquitectos ni a los constructores. Tampoco de los que creen que es una moda pasajera. Creo que es una herramienta poderosa, como en su momento lo fueron el computador y los programas de diseño asistido, y que va a cambiar mucho la forma de trabajar.

Pero una herramienta no tiene criterio. No sabe lo que significa para una familia mudarse a su primera casa, ni lo que siente un vecino cuando le ponen una obra al lado, ni por qué un andén con sombra importa. Eso lo sabemos las personas. Y mientras sea así, la responsabilidad de construir bien seguirá siendo nuestra.

Juan José Pujana Mena es empresario de proyectos de vivienda en Bogotá.

Fuentes