Una obra no tiene por qué ser una pared gris

Mural de gran formato pintado sobre un muro urbano
Foto: Unsplash

Hay algo que casi nadie piensa cuando se habla de construir un edificio: los meses en los que el edificio todavía no existe. Durante ese tiempo lo único que ve el vecino es un cerramiento. Láminas, tablones, una puerta de acceso para las volquetas y, con suerte, un cartel con el render del proyecto. Eso es lo que hay en la esquina mientras se excava, se funde y se levanta estructura. Y eso puede durar un año, dos o más.

Siempre me ha parecido un desperdicio. Una obra tiene metros y metros de superficie en plena calle, a la altura de los ojos, justo donde pasa la gente. Es, sin exagerar, uno de los muros más visibles del barrio. ¿Por qué tiene que ser gris?

Lo que ya se hace en otras ciudades

En Londres esto dejó de ser una rareza hace tiempo. Allá lo llaman hoarding art, arte en los cerramientos de obra. Una organización llamada Global Street Art lleva desde 2012 gestionando murales legales, más de mil, con artistas de unos cincuenta países, y buena parte de ellos se pintaron sobre vallas de construcción, por encargo de los propios promotores.

El Considerate Constructors Scheme, el programa británico que promueve buenas prácticas entre constructoras, recoge este tipo de iniciativas como ejemplo. Y los beneficios que enumera son bastante terrenales: la obra se ve mejor, baja el grafiti vandálico (a un mural bien hecho casi nadie le pone encima una firma), mejora la relación con la comunidad y con la autoridad de planeación, y sale barato comparado con forrar la valla con paneles impresos.

Me gusta ese enfoque práctico. No se trata de hacer un gesto bonito para la foto, sino de reconocer que la obra también es parte del espacio público mientras dura.

Lo que cambia en la calle

Quien vive al lado de una construcción la sufre: ruido, polvo, andenes intervenidos, tráfico de maquinaria. Nada de eso desaparece con pintura. Pero sí cambia la sensación de caminar por ahí. Una pared intervenida hace que el recorrido se sienta más cuidado, menos abandonado. Y la gente lo nota. Se detiene, toma fotos, pregunta quién lo pintó.

También cambia la manera en que el barrio mira el proyecto. Una obra que cuida su fachada provisional está diciendo algo sobre cómo va a cuidar el edificio terminado. Es una forma de presentarse al vecindario antes de tener nada que mostrar.

Algunas cosas que conviene tener claras

El vallado sigue siendo un elemento de seguridad. Tiene que ser firme, continuo y estar bien señalizado; el arte va encima, no en lugar de eso. Además, una intervención descuidada comunica justo lo contrario de lo que se busca, así que hay que pensar en su mantenimiento desde el principio. Y funciona mejor cuando la temática tiene algo que ver con el lugar, con su historia o con la gente que vive ahí.

Es la idea que ha guiado el trabajo de Juan José Pujana Mena en sus proyectos de vivienda: que el cerramiento funcione como una galería al aire libre mientras avanza la obra. Si quieres ver cómo se ve en la práctica, en la sección de Arte hay varias de esas intervenciones, y en Vallados de construcción está explicado el enfoque.

Al final la pregunta es sencilla. Si de todas formas va a haber una pared ahí durante dos años, ¿qué queremos que diga?

Fuentes