
Columna de opinión
Durante buena parte del siglo XX, el progreso en la construcción tuvo dos nombres: concreto y acero. Construir con madera se volvió cosa del pasado, de casas campesinas o de cabañas de montaña. Un edificio serio, moderno, urbano, tenía que ser de concreto.
Hoy esa idea se está dando la vuelta en buena parte del mundo desarrollado. En Europa, Norteamérica, Japón y Australia se levantan edificios residenciales y de oficinas de varios pisos con madera maciza, sobre todo paneles de madera contralaminada, conocida como CLT. En España, por ejemplo, el informe Mass Madera presentado en 2024 proyectaba que la edificación en madera maciza industrializada pasaría de representar entre el 0,5 % y el 1,5 % del mercado a cerca del 3 % en 2026, con nuevas fábricas en Aragón y Cataluña para duplicar la capacidad de producción.
Por qué la madera vuelve
La principal razón es el clima. La producción de cemento y acero genera una parte muy importante de las emisiones mundiales de carbono. La madera, en cambio, cuando viene de bosques gestionados de forma sostenible, almacena carbono durante toda la vida del edificio. Cambiar concreto por madera en ciertas partes de una construcción puede reducir mucho su huella.
Pero no es solo eso. La madera industrializada permite fabricar piezas en taller con mucha precisión y montarlas en obra en muy poco tiempo, con menos ruido, menos polvo y menos desperdicio. Los edificios son más livianos, lo que en zonas sísmicas puede ser una ventaja. Y los espacios de madera tienen una calidez que la gente percibe de inmediato, algo que conecta con las ideas del diseño biofílico.
Colombia tiene un tesoro
Aquí viene lo que más me interesa. Colombia no necesita importar la idea de construir con materiales vegetales. La tiene en su propia historia. El bahareque del Eje Cafetero, con su estructura de guadua y sus muros de tierra, ha resistido terremotos durante generaciones. Y la guadua es uno de los materiales de construcción más extraordinarios que existen: crece muy rápido, tiene una resistencia notable para su peso y se renueva sin necesidad de replantar.
Tenemos, además, un arquitecto que le demostró al mundo lo que la guadua puede hacer. Simón Vélez es reconocido internacionalmente por sus estructuras en guadua, entre ellas el pabellón ZERI que se construyó para la Expo 2000 de Hannover. Y nuestra norma sismorresistente, la NSR-10, incluye un capítulo específico para estructuras de madera y guadua, algo que no todos los países tienen.
¿Entonces por qué no la usamos más?
A pesar de todo eso, en las ciudades colombianas la madera y la guadua siguen siendo materiales marginales en la construcción formal de vivienda. Las razones son varias. Hay un prejuicio cultural fuerte: se asocia la guadua con pobreza o con lo rural. Hay poca industria que produzca elementos estandarizados y certificados a gran escala. Hay desconocimiento técnico entre muchos profesionales, que se formaron para diseñar en concreto. Y hay dudas legítimas sobre durabilidad, protección contra el fuego y la humedad, y mantenimiento, que requieren buenas respuestas técnicas.
Ninguno de esos obstáculos es insalvable. Los países que hoy lideran la construcción en madera los tuvieron también, y los superaron con investigación, normas claras, industria y ejemplos construidos que convencieron al público.
Lo que me gustaría ver
Me gustaría ver en Colombia más proyectos de vivienda urbana que combinen concreto con madera o guadua de forma inteligente: estructuras mixtas, entrepisos de madera, fachadas, cubiertas, zonas comunes. No se trata de reemplazar todo de un día para otro, sino de empezar a usar cada material donde mejor funciona.
Me gustaría ver también a las universidades, el gremio y el Estado apostando por una industria nacional de guadua y madera certificada, que genere empleo en regiones rurales y le dé al país una ventaja propia. Tenemos el material, tenemos el conocimiento tradicional y tenemos talento. Nos falta decidirnos.
Quizá dentro de unos años, cuando alguien piense en un edificio moderno, sostenible y bien hecho en Colombia, no lo imagine solo de concreto, sino también de guadua. Sería una forma muy nuestra de mirar al futuro.
Juan José Pujana Mena es empresario de proyectos de vivienda en Bogotá.
