
Si alguien me hubiera preguntado hace diez años dónde pondría una galería de arte en Bogotá, no habría dicho Puente Aranda. Es una zona industrial, de bodegas largas, tráfico pesado y muros ciegos que se extienden cuadras enteras. Justamente por eso resultó ser el lugar perfecto.
Cómo empezó
La primera edición del Festival Distrito Grafiti se hizo en noviembre de 2016. Lo produjeron los colectivos Vértigo Graffiti y Spray Móvil con apoyo de la Secretaría de Cultura, y la idea era sencilla: aprovechar los muros de las bodegas, incluidas las de Postobón, para que artistas locales e internacionales pintaran en gran formato.
En las primeras ediciones participaron más de cuarenta artistas. Llegaron nombres de fuera como The London Police, desde Londres, el colectivo español Sabotaje al Montaje o el peruano Jade Rivera, y pintaron junto a colombianos como Toxicómano, DjLu o Ledania. Algunos medios empezaron a llamar a la zona «el Wynwood bogotano», en referencia al barrio de Miami que hizo lo mismo con sus bodegas.
Por qué funcionó
Creo que hay tres razones. La primera es la escala: un muro de bodega permite obras que en una fachada residencial serían imposibles. La segunda es que no había mucho que perder. Nadie echaba de menos esas paredes grises. Y la tercera es que el proyecto tuvo continuidad; no fue un evento de un fin de semana, sino ediciones sucesivas que fueron sumando obras hasta convertir el sector en un recorrido.
Hoy aparece en las guías turísticas de la ciudad. Eso significa gente caminando por una zona que antes solo se atravesaba en carro.
Lo que me llevo como constructor
Muchas veces pensamos que para mejorar un lugar hay que tumbar y volver a hacer. Puente Aranda demuestra que a veces basta con mirar distinto lo que ya existe. Un muro feo es, también, una superficie disponible.
En una obra de vivienda pasa algo parecido con el cerramiento: es una superficie grande, temporal y que de todas formas va a estar ahí. Es la lógica detrás de los vallados artísticos que ha promovido Juan José Pujana Mena en sus proyectos. No es Puente Aranda, claro, pero parte de la misma pregunta: qué hacemos con una pared que nadie mira.
Si no lo conoces, vale la pena ir a caminarlo un sábado en la mañana. Mejor con calma y con buen calzado, que son varias cuadras.
