La vivienda que más necesita Colombia ya está construida

Casas de concreto y ladrillo en un barrio popular
Foto: Unsplash

Columna de opinión

Cuando en Colombia se habla de vivienda, la conversación casi siempre gira alrededor de lo mismo: cuántas casas nuevas se construyen, cuántas se venden, cuántos subsidios se entregan para comprar. Es natural. Las cifras de construcción nueva son fáciles de medir, se inauguran con cinta y se ven en las noticias.

Pero hay otro problema de vivienda, mucho más silencioso, que afecta a una cantidad enorme de familias: el de las casas que ya existen y que no ofrecen condiciones dignas. Casas con piso de tierra, con techos que se mojan, sin un baño adecuado, con cocinas improvisadas, con demasiadas personas por habitación, con estructuras que no resistirían un sismo. Técnicamente, esas familias tienen vivienda. En la práctica, viven mal.

El déficit que no se ve

Los especialistas distinguen entre dos tipos de déficit. El cuantitativo, que mide cuántas familias no tienen vivienda o comparten una con otro hogar. Y el cualitativo, que mide cuántas viviendas existentes tienen carencias que se pueden corregir. En Colombia, y sobre todo en las zonas rurales y en los municipios pequeños, el segundo es enorme.

Para esas familias, una casa nueva en un proyecto lejano no es necesariamente la solución. Lo que necesitan es un piso, un techo, un baño, una cocina. Mejorar lo que ya tienen, en el lugar donde tienen su vida, su trabajo y sus vecinos.

Cambia Mi Casa y el debate

El gobierno de Gustavo Petro puso el mejoramiento de vivienda en el centro de su política con el programa Cambia Mi Casa, anunciado en 2023 y pensado para operar hasta 2026. El programa financia mejoras de pisos, techos, baños y cocinas, con subsidios que pueden llegar hasta 22 salarios mínimos según el tipo de intervención y la ubicación. Está dirigido a hogares vulnerables que viven en su casa desde hace al menos cinco años, prioriza municipios pequeños y territorios PDET, y apuntaba a atender cientos de miles de viviendas.

El programa ha tenido críticas. Las metas se redujeron en el camino, según reportes de prensa de 2024, y ha habido dificultades de ejecución en varios territorios. También se ha cuestionado que el énfasis en mejoramiento haya coincidido con el cierre de los subsidios para compra de vivienda nueva. Ese es un debate que merece su propia discusión.

No voy a entrar en la evaluación política del programa, que les corresponde a otros. Lo que quiero defender es la idea de fondo, que creo que debería sobrevivir a cualquier gobierno.

Por qué mejorar también es construir

Desde el sector de la construcción tendemos a mirar el mejoramiento de vivienda como algo menor, casi como una obra de caridad. Es un error. Mejorar una vivienda puede ser técnicamente más difícil que hacer una nueva: hay que trabajar sobre estructuras que nadie calculó, con materiales heterogéneos, a veces con la familia viviendo adentro. Requiere ingenieros, arquitectos, maestros de obra y mucho criterio.

Además, tiene un impacto enorme por cada peso invertido. Un baño nuevo en una casa rural cambia la salud de una familia entera. Un piso de concreto en lugar de tierra reduce enfermedades en los niños. Un reforzamiento estructural puede salvar vidas en el próximo sismo.

Y hay algo más: el mejoramiento respeta el lugar de la gente. No la obliga a mudarse lejos, no rompe sus redes, no la aleja de su trabajo. En un país donde la vivienda nueva de interés social muchas veces se construye en la periferia, eso tiene un valor que no aparece en las estadísticas.

Lo que haría falta

Creo que Colombia necesita una política de vivienda con dos piernas: una que construya vivienda nueva bien ubicada y otra que mejore sistemáticamente la vivienda existente. No una u otra, según quién gobierne, sino las dos al tiempo y de forma permanente.

Para que el mejoramiento funcione a gran escala hacen falta cosas muy concretas: asistencia técnica de verdad en cada municipio, materiales de calidad a precios razonables, maestros de obra formados, supervisión que garantice que las mejoras se hacen bien y mecanismos para que las familias puedan seguir mejorando su casa por etapas.

En las ciudades también hay mucho por hacer. Barrios enteros de Bogotá, Medellín o Cali se construyeron por autoconstrucción, piso por piso, a lo largo de décadas. Muchas de esas viviendas necesitan reforzamiento, ventilación, luz. Mejorarlas sería una de las mejores inversiones urbanas posibles.

La vivienda que más necesita Colombia, en muchos casos, ya está construida. Lo que falta es terminar de hacerla digna.

Juan José Pujana Mena es empresario de proyectos de vivienda en Bogotá.

Fuentes